
Tomado de
"El cuerpo y la letra, La poética de Luis Alberto Ambroggio"
ACADEMIA NORTEAMERICANA de la LENGUA ESPAÑOLA
Nada más acertado que un extracto de las "Notas para la presentación del poeta" escritas por Enrique Gracia Trinidad:
"Hace buena Luis Alberto Ambroggio aquella frase certera con la que Eulogio Florentino Sanz, poeta, diplomático y bohemio español, amigo y memoria de Bécquer, contestó a un político alemán cuano - al serle presentado como "Sr. Sanz, poeta" - preguntó con sorna: ¿Y para qué sirven los poetas? A lo que Eulogio Florentino respondió sin arrugarse: "Pues para lo mismo que los otros hombres y además para escribir versos."
...
"Escuchen. Escuchen a este poeta que alterna el tenis con las obras completas de Borges; la asesoría aeronáutica con Pessoa; lo snietos con un libro de Rilke; la sopa inglesa y el dulce de leche con Octavio Paz; los congresos en medio mundo con el reparto de comida a domicilio para ancianos y enfermos. Escuchen a este hombre que encarna lo mejor del éxito al estilo calvinista con lo mejor del compromiso contra la guerra y la injusticia. Escuchen con atención a este "Poeta en vivo" que contestó a la pregunta ¿para qué sirve la poesía? con esta frase; "Creo que la poesía tiene usos medicinales (es terapéutica; según Chesterton, mitiga la locura), tiene usos hedónicos o epicúreos (produce placer), usos históricos (deja sentado testimonios y memoria como en el caso de Paul Celan, Ritsos, Nazim Hikmet), usos policiales (siempre busca, como detective, algo que otros no hayan encontrado) y me imagino que tiene muchos otros `usos`; fuera de esto no sirve para nada."
"No se pierdan, entonces, palabra de este poeta que se atrece a añadir como una de sus frases favoritas, la cita de J.F. Kennedy: "La política corrompe; la poesía limpia."
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LUZ AL FIN
Si tus pies pisaran humo
triunfando tristemente sobre la melancolía,
si tus manos, por ejemplo, construyesen
palacios dorados que se esfumen,
si tu pan tuviese tan solo
la alquimia de un deseo,
si tu madre fuese una sombra sin brazos,
si tu amante acaso un muerto,
si todos los días en tu contorno
brillaran agriamente las cenizas,
si el futuro de tus ojos al amanecer
lo pintara amenazante la penumbra,
no sé si tú existieras
o si alguien pudiese existir en la agonía.
Mirándote, mirándome,
me convenzo que con el humo no se juega.
Si la luz en cambio nos besara
y absorbiera absolutamente
como se absorben los amantes
viviríamos con cantos las auroras.
¿Hizo Dios la luz
o hizo las tinieblas?
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NIGHT CLUB EN ISTANBUL
Aquí la mujer rubia de Argelia,
con la pareja palestina
y los turistas judíos de América,
obedecen dichosos en masa
a la misma sangre,
el purísimo lenguaje de la música.
Este baile ha inventado otra geografía.
Danza el mundo en el espacio de las luces.
Ni un aullido de miedo o amenaza,
ni una sombra o un rito que enternezca.
El griego y el turco, Europa y Asia,
americanos del sur y del norte,
comparten sin patria las estrellas.
En este bazar, se acepta la alegría
como única moneda.
Aquí seducen los giros de odaliscas,
los cuerpos se dan y se aman,
se tocan dulcemente, se miran sin historia,
encienden todos el sol de la promesa
una agradecida madrugada.
Parece mentira pero es verdad.
Aquí, como en muchos lechos de amor y luna,
el planeta se renueva de noche.
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LOS HABITANTES DEL POETA
La Afrodita sin brazo izquierdo
del Museo Británico
irradia sueños empolvados
y lo acompaña.
Espíritus, musas, hechos con dirección desconocida,
ídolos húmedos,
sombras con tatuaje de calendario,
sombras que miran con agujas de olvido
jamás se van de fiesta.
Protagonizan soledad y derrota
un mundo de héroes conquistados.
El poeta no está solo.
Reza el Diario de Ana Frank
y resucita muertos.
Un lugar, al otro lado del mundo,
le quita el sueño.
El silencio lo deja exhausto y grita muertes premeditadas
en un amor dos caen sepultados
durante noches sin límites.
Con la sociedad que el poeta crea,
escucha las dulces flautas de Tesalia.
La belleza lo tortura en el banco del juicio.
Asume la topografía sabia del cuervo
y enciende con símbolos una danza transparente.
Cosecha amantes en la blancura de las olas,
en el tiempo redondo de la luna,
muere antes de morir
en el cementerio inconcluso de los recuerdos.
En su fuga imposible
Nunca está solo el poeta,
lo poseen voces
inasibles y punzantes,
lo consume el aroma fatal de su amada,
la palabra,
esa divinidad salvaje
que copula con espejos indisolubles.





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